La isla del silencio by Pablo Poveda

La isla del silencio by Pablo Poveda

autor:Pablo Poveda [Poveda, Pablo]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Intriga
editor: ePubLibre
publicado: 2016-04-01T16:00:00+00:00


CAPÍTULO 10

Siempre existe un momento de reflexión, una pausa. Un instante en el que las imágenes vienen a la mente sin orden racional, como un empleado del cine que se equivoca al colocar los rollos de cinta. Hueles a aceite frito con ajo que cocina tu vecino. Ves el olor entrar por la ventana, lo imaginas. El tipo que fuma en el coche con un cigarrillo entre los dedos, ¿quién coño es? Esa familia sin gracia que repetía una y otra vez el mismo acento uruguayo sin éxito, sin resultar gracioso, que imitaban a Messi y después a un actor de cine. Recuerdas que les pediste que hablaran más bajo en la cola del aeropuerto. Recuerdas sus ropas, sus cortes de pelo. El hombre sentado en una silla de plástico al sol, con la camisa abierta y el pecho descubierto. El orden irracional de las imágenes no tiene sentido pero estás parado, pensativo, dejando fluir las diapositivas de tu disco duro mental, sin saber por qué, sin quererlo tampoco. Te sientes así cuando esperas en la puerta de un hospital porque no quieres pensar en lo que has visto dentro. Te sientes igual una tarde de julio en el balcón del apartamento de la playa de tus padres. Alguien fuma un cigarrillo y te llega a las fosas nasales. Te sientes así cuando encuentras el cuerpo sin vida de una chica en el suelo, una chica que conocías y con la que te habías acostado al menos una vez. Recuerdas el tacto de su piel suave y lo haces ahora porque ya nunca más volverás a tocar nada igual. Te sientes dolido como si la hubieses matado con tus propias manos y culpable sin saber muy bien por qué, pero culpable por habértela follado. Piensas en ir a su funeral y acercarte a los suyos, darles el pésame y un «lo siento, yo no lo maté pero me acosté con ella», y así entregarles tu arrepentimiento, la sensación de picor en tus costillas. Conversaciones ajenas de la calle, de hombres y mujeres que pasan por debajo de tu ventana y hablan de temas tan versátiles como banales. Escuchas las conversaciones culpándoles a ellos por pasar por allí, sabiendo que tu deseo como entrometido que eres, es el de escucharlas. Comentarios simples, sin cabida en el espacio, ni siquiera transicionales. Escuchas constantemente a personas que hablan de nimiedades, una tras otra, basura verbal, aferrándose al tema principal para no desencadenarse porque en el fondo solo quieren hablar de algo, tener compañía, sentirse útiles dando su opinión, tener algo que decir, a alguien que los escuche para no morir, porque temen el silencio, la soledad, sentirse fuera de la cadena evolutiva. Piensas en ellos, en ti, sintiéndote superior y a la vez desplazado, lamentándote por el mundo, por esperar demasiado, por creer en su ambición, por pensar que todas las personas son iguales así como sus capacidades cognitivas. Piensas que el ser humano continúa en vías de evolución y que al mismo



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